

Me irrita.
Me saca de quicio.
Y sin embargo… no concibo un mundo sin él.
Draco, o “el Cayetano”, como lo llamo cuando quiero sacarlo de sus casillas, es todo lo que debería rechazar: un vampiro con complejo de señor feudal, mirada de tormenta y un pasado que regresa para cobrar deudas antiguas con sangre.
Ahora ese pasado ha vuelto y él está dispuesto a enfrentarlo solo, a hundirse en un infierno que promete demasiado dolor y ninguna salida.
Pero yo no pienso dejarlo solo.
Kur y Vlad tampoco.



