

Sobrevivió a una infancia que no debería haber sobrevivido. Carmen la salvó, le enseñó a cuidar calas y a creer que merecía existir. Ahora Carmen ya no está, y Gracia se ha quedado sola con su floristería, sus fantasmas y la certeza de que algunas heridas no se curan nunca.
Hasta que aparece Amara.
Una niña de ocho años con el pelo sucio y los ojos demasiado viejos. Una niña que no habla, que se esconde en los rincones, que lleva marcas que Gracia conoce demasiado bien. Porque fueron las suyas.
Y entonces llega Rubén. Un fotógrafo que busca pueblos olvidados y encuentra algo que no esperaba: una mujer rota que no quiere ser salvada y una niña que necesita desesperadamente que alguien la vea.



