

Elena Vidal no esperaba quedarse.Había heredado una casa antigua en Triana, de esas con patio, azulejos y demasiados años de silencio acumulado. Suficientes como para que cualquier historiadora del patrimonio supiera que había algo que merecía la pena investigar antes de tomar ninguna decisión. Pero entonces encontró una caja bajo el suelo y un mosaico detrás de la cal. Y empezó a preguntarse qué clase de mujer esconde algo así y luego lo lega a una sobrina nieta a la que apenas ha visto tres veces.Marcos Reyes llegó el mismo día que ella. Gestor inmobiliario, encantador cuando le convenía, y con instrucciones muy claras de conseguir que esa propiedad cambiara de manos cuanto antes. El problema es que Elena no era el tipo de mujer que se dejaba convencer fácilmente. Y que la casa guardaba algo que ninguno de los dos sabía cómo explicar.
























