
Nada es para siempre, y quien diga lo contrario miente. Día
tras día te levantas pensando en todas las cosas que aún puedes hacer, en todos
los lugares a los que algún día irás, en todas las palabras que no te has
atrevido a decir aunque piensas que quizás mañana serás capaz de pronunciar.
Esa es la vida de todas las personas: niños, adultos o ancianos. Una vida llena
de sueños, de deseos, de ilusiones; pero también de miedos, de lágrimas y de
duros momentos. Sin embargo, siempre nos queda la esperanza de que, a pesar de
todo lo malo con lo que nos podamos encontrar, vendrán tiempos mejores. Quizás
tú aún puedas lograrlo. Para mí ya es demasiado tarde.
